Sin embargo, los seres humanos desobedecieron a Dios y siguieron el deseo de ser iguales a Dios.

Como consecuencia, ya no confiaron en Dios y se ocultaron de El. La relación íntima se rompió. Evitándo su contacto con Dios, los seres humanos se volvieron pecadores. Asimismo, pronto comenzaron a desafiar y aun a odiar a su prójimo.

Desde ese momento ya no fueron capaces de hacer buenas obras, aunque se esforzaran tremendamente. En el transfondo los motivos de todo lo que hacían eran egoístas.

Como consecuencia de su desobediencia a Dios, se sometieron al régimen del adversario de Dios, Satanás, cuyo deseo es la destrucción de todo lo que Dios ha creado. Eso incluye también la destrucción de los hombres.


Esta condición de condenación de los seres humanos no ha cambiado hasta hoy.
Satanás era antes un angel, creado por Dios. Sin embargo, él se llenó de orgullo y envidia a Dios, deseando ser igual a Dios. Por eso, él cayó mucho antes de la creación del hombre, y hoy quiere engañar a los hombres, para que no vuelvan a Dios.

Si así lo desea, puede leer acerca de eso en la Biblia, en el capítulo 3 de Génesis.